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Zombis en el barrio

Zombis en el barrio
Carlos Martínez Gómez (texto y foto)
absolut_tristan@hotmail.com

Llevo algún tiempo fijándome en la gente que va paseando con sus perros para ver qué hace cada uno, humanos y cánidos. Es muy interesante fijarse en la actitud que los dueños (responsables de los actos del perro) muestran con sus “mejores amigos”.
En muchos casos se aprecia desconocimiento, es decir, el responsable sabe de perros lo que deduce (muchas veces errónea-mente), oye de otras personas o ve en la tele. Por cierto, gracias a ella (a la TV) podemos conocer las señales que realizan para comunicarse los elefantes, leones, cebras, guepardos incluso hormigas... pero con los perros no hay manera y quedan como los grandes olvidados.
Lo que realmente me sorprende de la gran mayoría de dueños, es que parecen tener una idea grabada a fuego que transmiten constante-mente a su perro: SIGUE ANDANDO, NO PARES BAJO NINGÚN CONCEPTO, QUE TENGO PRISA aunque realmente no tengan prisa. En esos casos yo veo un perro y un zombi: los zombis varían pero tienen en común el mensaje de caminar y no parar.

Me pregunto ¿por qué la gente tiene perro? Parece que dar una vuelta con un amigo con el que puedes comunicarte perfectamente es muy fácil, aunque tengas que pararte porque se ha encontrado con otro amigo, desviarte de tu camino para ir a comprar tabaco o pipas, o para acompañarlo a un bar porque tiene necesidad de ir al servicio. A tu colega no le vas a negar esas paraditas que seguramente no excedan de los 5 minutos como muchísimo.
Pues resulta que al “mejor amigo del hombre”, ése que se supone (se suponen tantas cosas...) que libremente ha sido acogido en su hogar, no se le da libertad para comportarse como un perro y además el responsable se comporta como un zombi que a su vez, como en las películas, acaba contagiando a su amigo, que termina convertido en otro zombi. Y “premio”, ¡ya tenemos 2 zombis!
De tal forma que ahora el responsable está contento y orgulloso del resultado obtenido gracias a su “genial adiestra-miento”, que no ha sido nada fácil ya que le ha llevado tiempo imponer su férrea disciplina, consi-guiendo tener un perro inmune a su entorno que se limita a oír sin escuchar, a ver sin mirar y a no olfatear.

(Según la RAE: olfatear:

  1. 1. tr. Oler con ahínco y persistentemente.
  2. 2. tr. coloq. Indagar, averiguar con viva curiosidad y empeño.)
Ha adiestrado a un perro que no se relaciona con su entorno o no lo hace correctamente. ¡Genial! (piensa el zombi) solamente tardo 3 minutos en dar la vuelta a la manzana y mi perro no se para a olisquear nada ¡un pis y listo!
Éste es un tipo de zombi, el “zombi clásico”, que he localizado en mi barrio y que se caracteriza por llevar una correa bien corta (si le parece larga, se enrolla en la mano el trozo sobrante) y por supuesto un “buen collar de castigo” (valen pinchos o de ahogo) o como a algunos les gusta el glamour, lo llaman de “adiestramiento”. (¡Ja! Adiestra-miento...).

Muy similar a la categoría anterior es el “zombi aullador”, es algo más benévolo ya que su perro, al ir suelto, tiene un poco más de libertad para ser perro, pero la característica primordial de este tipo es que le encanta gritar, hablar en alto o incluso dar palmadas para que el perro adivine lo que él quiere, y que provoca lo siguiente en el perro: ¡repites tanto esas palabras que carecen de significado!
Y encima cuando el perro acude donde está su dueño… ¡zasca!... mamporro al canto por venir tarde. “Porque claro, el perro ha tardado en venir para fastidiar”. (¡Brillante deducción!).
Al final, este perro “se hará el sordo”, normal, para lo que tiene que oír...

Otro tipo de zombis son aquellos que parecen más experimentados en este mundillo perruno. La diferencia con los anteriores (zombis aulladores) radica en que la disciplina que aplican es mucho más férrea: ni frío, ni calor, ni dolor. ¡Ar!, por eso les llamo “zombis legionarios”.
Este espécimen se caracteriza por tener un perro “super obediente”, tan obediente que lo llevan suelto y sin correa. A pesar de tanta “disciplina” pasa lo que tiene que pasar... que los perros cruzan la carretera a su aire y entonces se pueden ver involucradas terceras personas; personas que conducen, que pasean con su perro correc-tamente y ven a su perro inmerso en una pelea, personas (niños o mayores) que se pueden asustar...
Cuando te cruzas con ellos, los zombis legionarios hacen gala de su “sabiduría canina”: ¡sit!, ¡plas!, ¡quieto!, ¡no!... y sobre todo llaman al perro 50 millones de veces, (y no exagero nada con la cifra), y si aun así no funciona entra en acción el mando a distancia, ¿el de la TV? por supuesto que no, el del “collar de adiestramiento”, en este caso eléctrico.
Un zombi de la zona me contaba que sólo pulsaba el botón de mínima intensidad; pasadas dos semanas se podía oír el zumbido que emitía el collar en el cuello del perro, estaba pulsando el botón de máxima intensidad a juzgar por el ruido y la expresión de “puro placer del perro” (cuando lo vi a lo lejos, pensé que lo habían atropellado).

Pero lo más sorprendente es la metamorfosis que sufren todos los zombis cuando ven a otros perros. Concretamente me refiero cuando se relacionan con mi perro: parece que todo ese comportamiento intolerante se volatiliza, porque les cambia el tono de voz, la expresión facial... yo alucino ¡cómo tratan a mi perro así de bien! , y en cambio al suyo le ponen un listón muy alto de “buen comportamiento” con sus correspondientes castigos. Si mi perro se sube encima de ellos no pasa nada aunque les manche la ropa, pero como el de ellos haga solamente el amago de demostrar iniciativa propia...

Añadiré una anécdota como broche final al comportamiento paradójico que demuestran los zombis; resulta que un día uno de estos zombis se puso a palpar a mi perro en plena calle (yo estaba sorprendido), el hombre me dijo que no era veterinario sino cirujano y me recomendó que le diera no sé qué extracto de no sé qué planta que era bueno para el hígado (mi sorpresa seguía aumentando) y que a su perro él le daba una vez a la semana un actimel muy bueno para... lo que sea. Asimilada la información, me dieron ganas de sacar el “veterinario que llevo dentro”, o mejor dicho el tío con dos dedos de frente y a veces hasta consecuente, para darle el siguiente consejo: SEÑOR, SI QUIERE PREVENIR DOLORES CERVICALES Y ELECTROCU-CIONES ¡¡¡QUÍTELE EL COLLAR DE PINCHOS Y EL ELÉCTRICO Y DEJE DE LLAMARLO TANTO!!! Déjelo tranquilo.
Y, por cierto, no soy veterinario, simplemente trato de comprender al perro y no convertirlo en algo que no es.
No le dije nada a aquel hombre porque no hay mejor sordo que el que no quiere escuchar, y respecto a este tema hay gente que se pone tapones.

La relación entre perros y personas debería ser simbiótica (ambas partes salen ganando): el perro es lo más libre posible y el dueño... cada uno sabe lo que le aporta su perro ;-)
Por desgracia no todas las relacio-nes perro-dueño son ideales, hay otro tipo de relaciones que las califico como parasitarias, ya que el dueño obtiene cierto beneficio (algo dudoso creo) y el perro sufre las consecuencias de una gran falta de libertad y a esto se le añaden los castigos físicos, gritos, estar enjaulado bien sea en una jaula en casa o en un jardín, de donde nunca salen.

En fin, sólo quería transmitir que dar paseos con tu perro (tu mejor amigo), debería ser un rato agradable tanto para el perro como para el responsable del perro, sin prisas, con muchas pausas o pocas ¡da igual! (sé que no siempre se puede pasear así, pero hay que insistir). Cuanta más prisa tengamos menos prisa nos parecerá que tiene el perro, pero es que… ¡los perros no tienen prisa! ¿Para qué la tendrían? (bueno... igual por comida).
Por eso invito a la gente que pasea con prisa a que pruebe a fijarse en su perro cuando le da la oportunidad de investigar su entorno ya sea en la calle o en el parque. Verá los beneficios en el perro, estará más relajado y contento al llegar a casa. Y por supuesto, los mismos beneficios serán obtenidos por el dueño. Y si el perro hace algo que no nos gusta, ¡¡¡PACIENCIA!!!
No pasa nada, hay tiempo para arreglar esos “problemillas”. Continúa paseando tranquilamente.

Sé que es difícil pero inténtalo. Ten PACIENCIA e intenta ponerte en el lugar del perro.

Y como curiosidad, en el siguiente enlace se explica el origen de la tan escuchada frase “El perro es el mejor amigo del hombre”.


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