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Perro ladrador...

Por Cristina Muro
muro.cristina@gmail.com

El refranero español lo dice muy bien: “perro ladrador poco mordedor”.
Y aunque a veces hay refranes para todos los gustos y lo mismo dicen una cosa que su contraria, éste en particular resulta muy cierto.

Los perros se expresan y podemos saber mucho sobre sus emociones si aprendemos a reconocer sus modos de expresión.

Muchas de las expresiones de los perros siguen un orden según la intensidad de su reacción a las cosas que suceden en su entorno.
Pongamos un ejemplo: si un perro sin posibilidad de huída se siente algo asustado o molesto por una persona puede empezar realizando señales de calma como girarse o dar la espalda a la persona (Ver libro El lenguaje de los perros: las señales de calma de Turid Rugaas -Kns Ediciones-); si estas señales no funcionan y la persona sigue resultando amenazante para el perro éste puede ladrar o gruñir.
¿Quiere esto decir que el perro es agresivo?
Por supuesto que no, todos tenemos derecho a defendernos si nos sentimos amenazados.
Si estas vocalizaciones tampoco funcionan, ¿cuál será el paso siguiente si el perro se siente realmente amenazado?
Si no puede huir intentará defenderse, con lo cual morderá. Si la persona no ha entendido las sutiles señales de calma le quedará al menos el aviso previo al mordisco en forma de ladrido o gruñido, ¡lo cual es de gran ayuda!

Hay muchos tipos de ladrido (ladrido de aviso, ladrido de miedo, ladrido aprendido…*ver libro “Barking, the sound of a language”, de Turid Rugaas, en Kns Ediciones) y por lo general solemos malinterpretarlos todos.

El perro no ladra para fastidiarnos, para retarnos, para dominarnos o adrede. Siempre hay una razón para que ladre y si conocemos la razón podremos hacer mucho para ayudarle y para ayudarnos a nosotros mismos (no se puede negar que en ciertas ocasiones los ladridos resultan muy desagradables).

Entendiendo el ladrido como una señal podemos actuar en consecuencia evitando la situación que lo provoca, sacando al perro de esa situación, cambiando cosas en su entorno, modificando nuestra propia actitud o asumiendo el control de la situación. Todas estas acciones implican responsabilidad por nuestra parte y toma de decisiones, deberemos hacer cambios en la vida del perro y en la nuestra.

Efectivamente se pueden hacer muchas cosas dependiendo de las situaciones y de cómo las interpreta el animal. Habrá que encontrar la razón y después diseñar un plan de actuación, pero hay una cosa que nunca se debe hacer: castigar al perro cuando ladra.

Castigarle es absolutamente contraproducente; aunque logremos que deje de ladrar en ese instante las consecuencias a largo plazo serán desastrosas. Cuando hablo de castigo me refiero a:

Por ejemplo, si el perro ladra por miedo o porque se siente amenazado, recibir castigos solo añadirá más razones a su deseo de defenderse. Incluso ante situaciones parecidas intentará defenderse antes. Ponte en su lugar, eres un perro y tienes miedo de verdad, ladras y en ese momento sucede algo doloroso que te hace tener aún más miedo. ¿Se te ha quitado el miedo? ¡Al contrario! La próxima vez quizás ladres antes porque ya sabes que esa situación es doblemente terrible.

Si hemos entendido que ciertos tipos de ladrido pueden ser un aviso previo al mordisco, ¿qué podríamos deducir sobre el gruñido? Resulta evidente que el gruñido sirve igualmente como señal avisadora. El gruñido no suele resultar tan difícil de soportar como ciertos ladridos, porque su intensidad sonora es menor y su duración es mucho más breve. Dejemos de pensar que el gruñido es un reto a nuestra autoridad “mi perro me gruñe, ¡esto es intolerable!”, pensar de esta forma no nos ayudará a entender ni a resolver problemas. En el caso del gruñido se puede decir sin exagerar que realmente hay que alegrarse de que el perro pueda gruñir, nos envía una información tremendamente útil sobre cómo se siente.

El perro se comunica con nosotros y ninguna forma de comunicación debe ser inhibida. ¿Qué pasaría si, en el ejemplo que hemos puesto, al perro se le hubiera inhibido el ladrido(o el gruñido)? Tendríamos un perro que sin ningún aviso previo se lanzaría a morder cuando se sintiera amenazado.

Las expresiones corporales y vocales del perro suponen importantes mensajes sobre su estado de ánimo y sobre lo que le sucede. Debemos alegrarnos de que el perro las pueda usar todas y debemos aprender a entenderlas. Aparte de ser nuestra responsabilidad como compañeros del perro, particularmente pienso que es un placer saber interpretarle para poder ayudarle cuando lo necesita.

Cristina Muro, agosto de 2008.
Para contactar con el autor: muro.cristina@gmail.com

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