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Nota de AEPA-Euskadi: En esta carta, por petición expresa de Bidesari, se ha respetado el formato original y se han eliminado los apellidos de su autor.
El texto aparece en la revista LA BITACORA de Bidesari, nº 4 de fecha de 5 de julio de 2007.
Este artículo ha sido escrito por Borja, persona presa que participó en el centro penitenciario de Basauri, en el curso de adiestramiento canino en positivo que la asociación AEPA Euskadi, en colaboración con Bidesari, desarrolló en los meses de mayo y junio durante tres sesiones.Pensamos que este es un buen espacio para escuchar el sentir de personas en prisión como Borja sobre las diferentes actividades que vamos desarrollando entre todos, poniendo siempre el acento en que los verdaderos protagonistas de todo esto son ellos. Miguel Yuste
Miércoles, la llegada de las personas de la AEPA en compañía de Miguel suponen para mí una experiencia nueva, aunque no del todo desconocida.
Sentí una gran emoción porque considero a los perros como unos animales que me apasionan por su comportamiento y por brindar la amistad a sus dueños sin esperar nada a cambio.
Los tres días que duró el curso me hicieron olvidar por un momento donde me encontraba y me hicieron recordar los paseos que me doy con mi perro y lo bien que nos lo pasamos juntos.
Ha sido una experiencia muy productiva porque aprendí a ver la gran capacidad que tienen los perros de aprender con la simple dedicación de querer enseñarles. Yo pensaba, inculto de mí, que les hacían sufrir para enseñarles todo lo que saben hacer.
Las personas de la AEPA que acudieron con los perros no nos conocían de nada y confiaron en nosotros desde el principio, por lo cual estoy muy agradecido. Me dieron la oportunidad de vivir esta experiencia y ahora sé mejor como acercarme a un perro desconocido, a que se siente, se tumbe, camine a mi lado, esquive objetos, recoja cosas del suelo…
Me gustó mucho porque estos perros son para personas necesitadas o con problemas físicos, como personas por ejemplo que se encuentran en silla de ruedas y no todas las veces se pueden valer por si mismos.
Es de valorar el trabajo que asociaciones como AEPA desarrollan hacia este tipo de personas, ya que por desgracia vivimos en una sociedad donde solo nos preocupamos por nosotros mismos sin importarnos lo que pueden estar sufriendo otras personas.
Ahora cuando se ve a un perro de asistencia con una chica en silla de ruedas al menos préstamos más atención a su animal y ella pasa de ser una pobre persona a ser vista de otro modo por lo que sabe hacer su perro. En el fondo es un poco injusto, pero así es la realidad.
Para finalizar solo deseo expresar que esta experiencia que he tenido la suerte de vivir, la puedan tener más personas, porque me ha permitido ver que existen muchas personas necesitadas de estos animales y de todo lo que nos aportan.
Por último dar mil gracias y un cordial saludo a Iñaki, Alain y Cristina por los momentos compartidos.
Borja