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Perros mayores

Perros mayores
Por Cristina Muro
muro.cristina@gmail.com


Foto: Ana García

Cuando se acercan a los 8 años de edad, los perros ya empiezan a ser mayores y aunque muchos de ellos están aparentemente sanos, conviene acudir al veterinario para hacer un chequeo completo y detectar a tiempo cualquier problema que pueda haber. Muchos perros están aún en la mitad de sus vidas (una longevidad de 15 años en algunas razas no es impensable hoy en día) y existen tratamientos (en forma de dietas, ejercicio, medicación, etc.) que pueden ayudar a mantener o mejorar la calidad de vida del perro evitando que tenga dolor y que sufra. A partir de los ocho años, las visitas al veterinario deberían ser, al menos, una vez cada seis meses. Los perros pasarán por distintas etapas a partir de esa edad, pero hay algo que se mantendrá siempre igual: su necesidad de hacerse entender y de que les comprendamos. Si hasta ese momento era importante saber hacerlo, ahora lo es aún más. Siempre estamos a tiempo de aprender más sobre señales de calma o estrés para ayudarles a sentirse más tranquilos y seguros.

Estemos atentos a sus cambios físicos y cognitivos
Un perro mayor puede tener, entre otros, problemas de huesos o articulaciones, incontinencia, desarreglos metabólicos, pérdida de vista u oído, problemas en la dentadura y en la piel, deterioros en los órganos, desajustes hormonales, etc. También se pueden apreciar otras alteraciones como trastornos del sueño, desorientación en lugares que conoce o reacciones diferentes a las que tenía hacía unas semanas. Todos estos cambios, tanto los físicos como los cognitivos, pueden ocasionar modificaciones de su conducta que también deberemos notificar al veterinario. En algunos casos el perro puede parecer más apacible y sereno, mientras que en otros puede sentirse más irritable e inseguro cuando antes no lo era. Además de las revisiones, el veterinario nos puede informar sobre esta nueva etapa de nuestro perro para que podamos ayudarle a que su calidad de vida sea lo mejor posible.

Cuidemos su higiene y alimentación
Es muy importante que seamos muy cuidadosos con su higiene y alimentación, siguiendo siempre los consejos del veterinario. Tendremos que revisar sus orejas, uñas, dientes y piel a diario. También tendremos que cepillarle de forma suave y en varias veces si vemos que se cansa. Y cuando le bañemos tendremos que secarle muy bien. Además controlaremos con atención la comida y el agua que consume.

Seamos tolerantes ante los cambios
Ciertos cambios desagradables pueden producirse y habremos de ser más comprensivos y tolerantes. Puede suceder que el perro haga pis o caca en casa cuando antes no lo hacía. Es algo que no puede evitar por lo que no se le debe reñir o castigar. El veterinario puede ayudarnos en algunos casos. O puede ocurrir que ladre más que antes; a veces resulta difícil determinar las causas, que podrían ser debidas a un aumento de la irritabilidad por el deterioro de sus sentidos. Procuremos que no haya muchas cosas en su entorno que puedan hacerle sentirse inseguro o irritado.

Evitemos que tenga dolor
Si hay zonas doloridas en su cuerpo evitaremos las manipulaciones bruscas. Tampoco le impondremos posturas forzadas (que se siente o que se tumbe a la orden por ejemplo), es muy posible que le cueste mucho hacerlo y que le cause un dolor innecesario. En casa podemos ponerle varias camas mullidas en distintas zonas para que pueda descansar mejor. Sus camas deberán estar en lugares tranquilos, alejados de ruidos y luces que puedan alterar su descanso. Si le tranquiliza dormir cerca de nosotros se lo deberemos permitir. Si hay más perros en la casa (sobre todo perros jóvenes) podemos destinar un sitio especial para que se pueda refugiar cuando desee estar tranquilo y sin que los otros perros le molesten. También podemos poner material antideslizante en el suelo para que no se resbale. En las salidas evitaremos los movimientos y los juegos bruscos. Si el perro corre o si salta, sus articulaciones se pueden resentir y le pueden doler. En la calle los paseos serán a su ritmo, quizás disminuyendo la intensidad y duración pero aumentando la frecuencia. El mejor equipamiento será un arnés confortable y una correa larga. Podemos prever paradas si vemos que se cansa. En algunos casos quizás haya que realizar estiramientos previos y posteriores al paseo, el veterinario nos lo dirá.
Aunque procuremos evitar las salidas con temperaturas extremas, a veces es inevitable salir. Si hace mucho frío quizás necesite llevar un abrigo; si hace mucho calor habrá que poner especial atención para que los paseos sean cortos y a la sombra.

Evitemos que se sienta desorientado
Algunos perros pueden sentirse desorientados o perder sus sentidos por lo que las rutinas y los entornos conocidos les pueden ayudar a sentirse más a gusto. Evitemos los grandes cambios (salvo que sean “a mejor”), por ejemplo las mudanzas, los cambios de horarios, los viajes largos, las estancias en residencias o el exceso de visitas. La introducción de nuevos perros en la casa se debe evitar, en particular los cachorros, que pueden cansar mucho al perro mayor y provocarle dolor por sus continuos saltos sobre él. Si el perro se desorienta no deberemos dejarle solo en lugares desconocidos, podría perderse y angustiarse. Dependiendo de los sentidos que nuestro perro conserve, podemos cambiar nuestras indicaciones usando la voz, gestos o ligeros toques en su piel.

¡Que pueda seguir disfrutando de la vida!
Los perros, sea cual sea su edad, viven cada momento con intensidad y también pueden seguir disfrutando de la vida cuando son mayores. Aunque ya no vea, oiga y huela como antes, seguramente nuestro perro seguirá disfrutando investigando las cosas nuevas, así que podemos incluir algunas novedades estimulantes en sus paseos.
Si creemos que le sigue gustando aprender cosas nuevas se las podemos enseñar. Salvo que tenga algún problema cognitivo, nuestro perro no tiene porqué ser más lento aprendiendo cosas nuevas que cualquier otro perro joven, sin embargo, deberemos adecuar el número de sesiones de aprendizaje y la duración de las mismas para que no se canse. También podemos preparar juegos de seguir rastros o de encontrar objetos, dejando pistas de varios tipos para que él pueda usar los sentidos que prefiera.

Los juegos no tienen por qué ser siempre actividades de correr, de saltar o de perseguir pelotas.
Los juegos de buscar objetos, de seguir rastros, de conseguir premios o de descubrir cosas nuevas son muchos más adecuados en general, sea cual sea la edad del perro.
A pesar de que quizás sea algo más gruñón, seguramente le va a seguir gustando tener vida social, pero es preferible compartir los paseos con perros especialmente tranquilos. Si hay cachorros o perros jóvenes tenemos que intentar que no le irriten.
Finalmente unas sesiones cortas de masajes o caricias si le gustan, le ayudarán a relajarse y a desentumecer sus miembros.

La vejez es una época más de la vida de nuestro perro. En ella aparecen cambios, gustos y necesidades especiales y deberemos adaptarnos a ellos, al igual que hicimos cuando era cachorro o cuando era adolescente. Con la ayuda del veterinario, con paciencia, cuidados y comprensión, le podremos ayudar a seguir disfrutando de la vida en esta etapa de una forma lo más agradable posible.

En las fotos de este artículo aparecen:

Mi agradecimiento a los dueños de perros mayores por sus aportaciones para este artículo.

Para saber más:

Cristina Muro, enero 2012

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